Todo pasa
Enamorarme de la vida me costó. Me costó tanto como cuesta lavar los platos un día que tú corazón está roto. Tanto como decir que no a algo que realmente querés, pero que sabes que no necesitas. Me costó como cuesta aprender a andar en bicicleta, donde es frustrante y te caes mucho, te raspas las manos y sangras. Me costó mucho, y dolió también. Pero poco a poco me fuí enamorando. De las mañanas, de los árboles y de cómo la brisa de primavera mueve sus hojas. Cuando dejé de estar enojado con la vida, y cuánto costó eso también, empecé a ver para afuera. Y afuera de ese enojo, hay algo bello, bellísimo. Hay detalles pequeños que quizás no notamos cuando estamos enfocados en el enojo. En el resentimiento o en las heridas del pasado. Cuando abrís los ojos, despacito, con cuidado, podés llegar a ver los detalles. La brisa, los árboles y las mañanas. Y te das cuenta cuánto tiempo perdiste en estar dentro tuyo, enojado con la vida. En vez de estar acá afuera, disfrutandola. Pero t...