Entradas

Mostrando las entradas de diciembre, 2024

Todo pasa

 Enamorarme de la vida me costó. Me costó tanto como cuesta lavar los platos un día que tú corazón está roto. Tanto como decir que no a algo que realmente querés, pero que sabes que no necesitas. Me costó como cuesta aprender a andar en bicicleta, donde es frustrante y te caes mucho, te raspas las manos y sangras. Me costó mucho, y dolió también.  Pero poco a poco me fuí enamorando. De las mañanas, de los árboles y de cómo la brisa de primavera mueve sus hojas. Cuando dejé de estar enojado con la vida, y cuánto costó eso también, empecé a ver para afuera. Y afuera de ese enojo, hay algo bello, bellísimo. Hay detalles pequeños que quizás no notamos cuando estamos enfocados en el enojo. En el resentimiento o en las heridas del pasado. Cuando abrís los ojos, despacito, con cuidado, podés llegar a ver los detalles. La brisa, los árboles y las mañanas. Y te das cuenta cuánto tiempo perdiste en estar dentro tuyo, enojado con la vida. En vez de estar acá afuera, disfrutandola. Pero t...

Dentro de mí

[ADVERTENCIA: TEMÁTICAS SENSIBLES] Cinco de la tarde empezaba la sesión. Como cualquier otro lunes. Estaba yo sentada en esa silla roja que aparenta ser cómoda, pero en realidad no lo es. En realidad, solo te recuerda de dónde estás sentada, de que estás loca y que tenés una familia rota.   La sesión de terapia comienza oficialmente cuando el Doctor Mateo Gutiérrez entra a la habitación a las cinco y siete minutos. Parecía que le gustaba hacer esperar un poco a sus pacientes, no sabía si para hacerlos sentirse menos o para sentirse él más importante. El Dr. me pregunta cómo estoy y ahí empieza el baile. “El baile” es a lo que yo llamaba al ida y vuelta de preguntas vacías. “¿Cómo estás?” “todo bien”    Me pregunta por mi familia, como andaban las cosas en casa. Con ese tono de voz de preocupación tan falso. Esa mirada y esa media sonrisa hipócritas. Desvío la mirada a la esquina de la habitación donde se encontraba un mueble, un tipo de estantería donde solo había un f...

Martín Pescador segundo

 Hay algo de ese Martin Pescador, que viene durante el día, varias veces, a colgarse de la soga de la ropa. Ahí se sienta, se acomoda las plumas y luego se va.  Hace unos días ya que mi gato, el muy bandido, cazó un Martín Pescador. Me lo trajo hasta mis pies descalzos mientras tocaba la guitarra un día de sol. Tan bella ave, tan… muerta. Tan cerca mío. Decidí tomarlo entre unas servilletas, llevarlo al fondo del jardín y con una palita de jardinería hacer un pozo. Lo enterré donde solía haber un árbol hace unos años. Si el pájaro sacará raíces, o si crecerá alto, alto tan alto como lo era el ficus.  Desde ese funeral que empecé a notar a un visitante en la tumba. Un familiar o amigo quizás. Otro pajarín, plumas marrones, pecho amarillo y rayas blancas en su pequeño rostro. Se veía familiar.  Este segundo Martín Pescador viene seguido a colgarse en la soga de colgar la ropa. Y ahí se sienta, se acomoda las plumas pero da vueltas. Se lo nota inquieto generalmente. Nun...