Todo pasa
Enamorarme de la vida me costó. Me costó tanto como cuesta lavar los platos un día que tú corazón está roto. Tanto como decir que no a algo que realmente querés, pero que sabes que no necesitas. Me costó como cuesta aprender a andar en bicicleta, donde es frustrante y te caes mucho, te raspas las manos y sangras. Me costó mucho, y dolió también.
Pero poco a poco me fuí enamorando. De las mañanas, de los árboles y de cómo la brisa de primavera mueve sus hojas. Cuando dejé de estar enojado con la vida, y cuánto costó eso también, empecé a ver para afuera. Y afuera de ese enojo, hay algo bello, bellísimo. Hay detalles pequeños que quizás no notamos cuando estamos enfocados en el enojo. En el resentimiento o en las heridas del pasado.
Cuando abrís los ojos, despacito, con cuidado, podés llegar a ver los detalles. La brisa, los árboles y las mañanas. Y te das cuenta cuánto tiempo perdiste en estar dentro tuyo, enojado con la vida. En vez de estar acá afuera, disfrutandola. Pero tranquilo, que cuando abras los ojos, no te vas a lamentar del tiempo perdido. Ya no va a importar. Porque vas a estar aquí y ahora. Y nada del pasado va a importar. Ya no. De a poco no va a doler más. Cuando veas los detalles, y respires hondo. El dolor se va soltando, alejando. Y todo cambia, y todo mejora.
Y todo pasa.
Robyn Pastor
Comentarios
Publicar un comentario