Tiempo al Tiempo
Son casi las ocho de la noche. Por la ciudad iba metido en mi mundo, distraído por las luces danzantes que alumbran este pobre lugar. Mi sombrío alrededor no es más que un colectivo lleno de gente, cada une con distintos destinos. Algunos lejanos, otros no tanto. Pero en fin, con un lugar al cual ir, al cual volver cuando se sienten mal y al cual despedir cuando siguen vuelo. La tarde va desapareciendo mientras la oscuridad toma las riendas de lo que va a ser otro sin fin de sueños enloquecedores sin sentido alguno de los que no deseamos despertar jamás. Mirando por la ventana me encontraba perdido en un interminable océano de palabras que no sabía exactamente cómo expresar y heridas que no sabía exactamente cómo sanar. Tan hundido en la nube de mi propio ser que había perdido la noción de mi cuerpo cuando un pequeño angelito me roza el brazo. Me mira como si me conociera, me toma la mano y me dice “Un río puede ser el mismo pero la corriente que fluye lo va transformando, cambian...